Los mecanismos de control están fallando: el caso de EE. UU. Print this Page Los Institutos Nacionales de Salud de los EE. UU (NIH) son la mayor agencia de financiación de investigación biomédica en el mundo y se estima que EE. UU. es uno de los países donde se usan más animales en experimentación,1 pero la falta de información transparente en este sentido hace imposible conocer las cifras exactas. A pesar de que existen leyes y comités destinados a proteger a los animales en los laboratorios, ningún experimento está prohibido sin importar cuánto daño cause. Marcos éticos anticuados e incompletos, normas de cuidado y bienestar insuficientes, aplicación laxa de las regulaciones, comités inoperantes y la exclusión del 95% al 99% de los animales usados en experimentación2 de la normativa aplicable definen la realidad del uso de animales en los laboratorios estadounidenses. La Ley Federal de Bienestar Animal (AWA, por sus siglas en inglés) y la Ley de Extensión de la Investigación Sanitaria de 1985 (HREA) son las únicas dos leyes federales que establecen estándares mínimos para el trato de los animales en los laboratorios de EE. UU. Ambas leyes son deficientes y existen problemas críticos que dificultan su eficacia. La AWA no cubre a la gran mayoría de los animales usados en laboratorios de EE. UU. Esto incluye aproximadamente 111 millones de ratas y ratones3 y millones de peces, cangrejos herradura, ranas, cefalópodos, tortugas, aves criadas con fines específicos y otros animales criados como fuente de alimentación y fibra, quienes no están reconocidos como “animales” por la ley.4 Mientras tanto, la HREA solo se aplica a las instituciones que reciben financiación de los contribuyentes proveniente de las agencias federales de salud de EE. UU., como los NIH,5 lo que deja sin protección legal a los animales usados en instituciones financiadas por otras fuentes. Aunque algunos estados de EE. UU. tienen leyes contra la crueldad hacia los animales, la mayoría excluye a aquellos usados en experimentación.6 Ninguna de las dos leyes federales obliga a los experimentadores a evitar el uso innecesario de animales o a contemplar la posibilidad de sustituirlos por un método sin animales, sino solo a haber considerado alternativas a los procedimientos nocivos específicos que planean llevar a cabo. Sin embargo, el requisito de buscar procedimientos que causen menos daño o angustia no se hace cumplir de manera consistente. Mejorar la supervisión reduciría significativamente el daño a los animales, pero no resolvería el problema. Abandonar por completo el uso de animales eliminaría la necesidad de una regulación más estricta de su uso y protegería el bienestar tanto de los humanos como de otros animales. Autorización negligente: los Comités Institucionales para el Cuidado y Uso de Animales en EE. UU. Los Comités Institucionales para el Cuidado y Uso de Animales (IACUC), creados en EE. UU. como respuesta al clamor público por los casos de crueldad contra los animales confinados en laboratorios, se establecieron con la intención de garantizar que las instituciones que usan animales en experimentación cumplieran la AWA. Se esperaba “que instancias como [estos] comités éticos asumieran la responsabilidad social corporativa actuando como vigilantes de los experimentos en animales”.7 En la práctica, los IACUC carecen de la diversidad ética y científica necesaria para abordar con eficacia la creciente preocupación por el bienestar animal y la capacidad de evitar el uso de animales.8 Un estudio publicado en 2012 reveló que, en promedio, los miembros de los IACUC en las principales instituciones financiadas por los NIH eran predominantemente experimentadores en animales.83 De acuerdo con dicho estudio, la “abrumadora presencia de investigación en animales e intereses institucionales puede diluir el aporte de los pocos miembros de los IACUC que representan el bienestar animal y al público en general, contribuir al sesgo previamente documentado del comité a favor de la aprobación de experimentos en animales y reducir la objetividad y eficacia general del sistema de supervisión”.9 La ambigüedad del lenguaje legislativo y la escasa supervisión de los IACUC han generado incoherencias en la implementación y la eficacia. Múltiples auditorías de la Oficina del Inspector General de los EE. UU. (OIG) y encuestas internas han demostrado las deficiencias de los IACUC: En 1995, la OIG descubrió que los IACUC no podían garantizar que los experimentadores buscaran alternativas a procedimientos dañinos ni que los estudios propuestos no duplicaran innecesariamente experimentos anteriores.10 Una encuesta realizada en el año 2000 por el Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA) a los inspectores de laboratorios de la agencia encontró que el área más problemática para los IACUC era la búsqueda de alternativas a procedimientos dañinos, y reveló que “entre 600 y 800 instalaciones han tenido problemas con la búsqueda de alternativas”. Los inspectores del USDA también consideraron que la “influencia indebida” de los investigadores principales era un problema para los IACUC.11 En 2005, la OIG publicó un informe de auditoría en el que volvió a resaltar estas dificultades y señaló los continuos “problemas con la búsqueda de alternativas de investigación, la atención veterinaria, la revisión de procedimientos dolorosos y el uso de animales por parte de los investigadores”.12 En la auditoría publicada en 2014, la OIG advirtió que los IACUC “no siempre supervisan adecuadamente los procedimientos experimentales en animales”, lo que resulta en una “garantía reducida de que los protocolos se completen, aprueben y cumplan correctamente, y que los animales siempre reciban cuidados y tratamientos compasivos básicos”.87 Estos resultados coinciden con los hallazgos del USDA: entre 2009 y 2011, sus inspectores documentaron 1379 infracciones en 531 instalaciones relacionadas con la revisión y supervisión inadecuadas del uso de animales por parte de los IACUC.13 Muy poco ha cambiado desde entonces. La iniciativa más reciente de los NIH para mejorar tanto el rigor como la reproducibilidad en la investigación no abordó los innumerables problemas con los IACUC y sus procesos de revisión.14 Una de las principales fallas en la supervisión de los experimentos en animales en EE. UU. es que no hay ningún punto en el proceso de aprobación de protocolos en el que se considere el daño que sufrirán los animales frente a los beneficios esperados de la investigación. Aunque las instancias de supervisión afirman adherirse a las políticas que exigen la realización de un análisis de daños y beneficios,1516 quienes evalúan el daño son distintos a quienes evalúan el beneficio, y no hay ningún intento de equilibrar sus decisiones. Los IACUC revisan el daño que se infligirá a los animales cubiertos por la AWA o incluidos en protocolos financiados por los NIH, mientras que los comités de financiación evalúan el posible beneficio de los experimentos para el área de investigación. Estos comités funcionan de distinta forma, no comparten sus opiniones entre sí y solo emiten decisiones dicotómicas (aprobado o rechazado), lo que da lugar a un sistema de evaluación fragmentado e incompleto. Las 3Rs son insuficientes Las 3R (reemplazo, reducción y refinamiento del uso de animales) han sido durante mucho tiempo el marco ético que ha guiado el uso de animales en la investigación biomédica en todo el mundo. Introducidas por William Russell y Rex Burch en su libro de 1959, The Principles of Humane Experimental Technique,17 las 3R han sido fuertemente criticadas en los últimos años por su incapacidad para evitar daños innecesarios a los animales, dado que su enfoque se limita a la ética procedimental, en lugar de abordar los problemas sociales y morales más amplios en torno a la investigación en animales. Algunos expertos sostienen que los principios no abordan adecuadamente la complejidad del bienestar animal y las consideraciones éticas en la investigación.181920 Otros argumentan que, aunque las 3R hayan sido adecuadas para su época, la ciencia ha avanzado mucho desde su concepción, lo que hace necesaria una actualización.212223 Lo que está claro es que las 3R no han tenido éxito. En contravía de los principios de reducción y refinamiento, actualmente se usan más animales en experimentación que cuando se publicó el modelo de las 3R24252627 y se siguen usando en procedimientos angustiantes y dañinos. La creación de centros de 3R en todo el mundo no ha frenado eficazmente el uso de decenas de millones de animales en experimentos ni ha impedido su uso en experimentos con pocas posibilidades de generar beneficios tangibles para la salud humana. ReferencIAS Taylor K, Alvarez LR. An estimate of the number of animals used for scientific purposes worldwide in 2015. 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